La última voluntad de Grunt!
Tras grandes y peligrosas aventuras, el grupo decidió reunirse de nuevo en Corvis para cumplir con la última voluntad y testamento de su compañero Grunt!, el cual sufrió la oscura voluntad de un paladín de la muerte.
Entre las pertenencias de su estimado amigo, encontraron lo que parecía ser un encargo inacabado de un tiempo pasado, en forma de paquete pesado con un sobre que invitaba a su lectura:
Para entregar al maese Runelock
Tras deliberar al respecto, decidieron que investigarían qué hacer con dicho paquete, averiguar quién era el tal Runelock, y de paso dejar que el alma del poderoso guerrero siguiese su curso en el ciclo de Dhunia.
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Elecktra no cabía en su asombro de lo sucedido, la pequeña Sigrid había destrozado el taller de Rudrik, estaba claro que era una poderosa hechicera en potencia, pero no se imaginaba que desarrollase sus poderes tan pronto. Tendría que visitar a su madre para averiguar como consiguió controlarla a ella cuando mostró los primeros indicios de controlar la hechicería.
Kilo estaba disgustado, el joven Xavier le ocultaba algo, y a pesar de su rebelde adolescencia no podía evitar hacerse pasar por adulto cuando le convenía. Sabía que en el fondo era un buen muchacho, y deseaba llevarlo por el buen camino, apartarlo de las malas prácticas en las que su antiguo maestro le vició.
Parecía como si en la ausencia del grupo los jóvenes aprendices fueran capaces de dejar el mundo patas arriba y salir ilesos de todo daño.
Natasha estaba un poco cansada de los pretendientes que tanto la acosaban en su pueblo natal, y pensó que una temporada por Corvis, ahora que había arreglado sus asuntos en Khador, podría sentarle bien. Así de paso exploraría otras zonas de Inmoren que aún no conocía, pues en su lejano norte poco se sabía de las cálidas playas del sur, o de las bulliciosas ciudades de oriente.
Shania era quien más extraña se sentía, había perdido a su fiel compañera, Kylia, y para colmo había sufrido en un par de días la muerte, a manos de los vasallos del señor que asesinó a su querido amigo Grunt!, y había sido elegida por Dhunia para reencarnarse en la piel de un ser de otra raza que no era la suya, gracias a las artimañas de una extraña druidesa. Volvió de su retiro con una nueva amistad, Zarpa, pero seguía extrañando a su gata salvaje.
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Rudrik estaba que se subía por las paredes, había perdido más de treinta mil coronas en materiales, y por no contar los desperfectos ocasionados por la chispa eléctrica que la pequeña Sigrid originó. Por las noches soñaba con vivir lejos, en Rhul, junto a los templos de los grandes maestros, y ajeno a la locura que los humanos se empeñaban en traer al mundo.
No le cabía otra que intentar que sus adorables vecinos colaborasen de una u otra manera en la reconstrucción de su taller, lamentaba profundamente el día en que accedió a cuidar de los niños mientras ellos estaban de aventuras en las tierras de los elfos. Los elfos traen mala suerte, todo el mundo lo sabe.
Bueno, parece ser que tendréis que trabajar para mí una temporada, a menos que podáis pagarme en mano la reconstrucción de mi taller...
...les dijo Rudrik
Efectivamente, sus ahorros se acababan de esfumar, y de suerte que contaban con los efectivos saqueados de la última escaramuza, que de otro modo habría sido poco menos que rentable el ir una temporada de vacaciones a las mazmorras de Corvis.
Ante la expresión pasmada de Elecktra el enano no pudo más que pensar en los beneficios que intentaría sacar de esta situación, pues aunque ya había planeado una asociación con este grupo de valerosos mercenarios, los hechos le daban pie para exigirles el pago en servicios, los cuales muchas veces son difíciles de conseguir para según qué encargos.
Decidió que antes de proponerles un servicio complicado les pediría que hiciesen algo sencillo, para ver si el cenizo de los elfos se les había ido, o si realmente daban la talla para sus necesidades...
